“A puro tango”: entre el baile y la seducción

 

En un antiguo edificio griego llamado “el Parakultural” situado en Scalabrini Ortiz 1330, todos los domingos a las 19 horas se abren las puertas del salón caninning para dar espacio a “A Puro Tango”. Se puede llegar caminando, en colectivo o en auto para aquellos que viven en la capital porteña pero, para poder ingresar al mundo milonguero, se debe pasar por un pasillo desvencijado en donde hay que pagar una entrada de $12.

La pista de baile está enmarcada por cientos de sillas que se disponen en forma cuadrangular. En uno de sus laterales se encuentra una larga barra. El salón alberga hasta 400 personas pero, normalmente, solo lo frecuentan sus fieles seguidores que no llegan a mas de 150 tangueros.

El lugar comenzó a ocuparse alrededor de las siete y media de la tarde y, a medida que la gente iba llegando, se percibía la gran familiaridad que había entre los visitadores.     “Siempre viene la misma gente. Acá nos conocemos todos” confesó Noemí Albarado, la cajera de la entrada.

Los tangos empezaron a sonar y las luces empezaron a bajar de intensidad. Rapidamente la pista de baile se ocupó por las distintas parejas. Una peculiaridad es que estas no estaban establecidas, eran espontáneas. “En el tango no hay fidelidad de parejas. Hasta los matrimonios cuando entran cada uno se va por su lado” Dijo Jorge el milonguero, un hombre que rondeaba los cincuenta años y vestía muy elegantemente un traje, con camisa y zapatos negros.

La mayoría de los bailarines parecían dominar su arte y no todos eran porteños. A pesar de que Buenos Aires sea considerada la “capital del tango” muchos clientes eran extranjeros provenientes de Canadá, Estados Unidos y Colombia entre otros. Sin embargo, el tango argentino difiere mucho de lo que es el tango en los países nórdicos. “Allá solo podes bailar con tu novio” comentó Sarah de Miami. Además asegura que prefiere el tango argentino porque es más intenso y fuerte y requiere un mayor contacto físico con la pareja.

El promedio de edad que frecuenta el lugar es de 55a 65 años. El ambiente en general hacía recordar antiguas épocas. El olor intenso a perfume añejo de mujer se mezclaba con un leve aroma a cigarrillo. Sin bien está prohibido fumar adentro, se veía como gran parte de los bailarines salían y entraban constantemente para “charlar un rato y dar unas pitadas”.

“ A puro tango” no es un espacio fiel a su nombre. A las 8:30 de la noche, las milongas cesaron  y se introdujo un jazz que funcionó como momento de  descanso a los bailarines. Luego vino una cumbia colombiana y más tarde se pudo escuchar un rock clásico de los años ´50. Sin embargo este tipo de música solo tenía lugar, y con una mera función de pausa, cada una hora.

Los intercambios de parejas se hacían cada vez mas evidentes. Una mujer podía bailar con más de un hombre y viceversa. Además es casi obligatorio que exista este tipo de rotación, ya que como explica Jorge el milonguero “si te acostumbrás a tu pareja la técnica se va enviciando y, el día que tu compañero no esté, se te hace difícil enganchar el baile con otro”. 

Muchos aseguraban que el tango era “cuestión de seducción” y un momento propicio para conocer a alguien. A los bailarines se los veía con una gran cercanía física con respecto a su pareja. Esta puede ser una explicación al excesivo maquillaje en las mujeres y la gran coquetería en los varones.“En este lugar no faltan pleitos por temas amorosos” comenta Carlos Jofré, con cierto aire seductor.

Las mujeres entraban a bailar a medida que los varones se les acercaban y las invitaban a hacerlo. Al respecto, Carlos explicó que el tango tenía sus propios códigos.Claramente se veía como ellos se acercaban a su pretendida, hacían una leve inclinación del cuerpo y entre un juego de miradas, el hombre ofrecía y la mujer decidía si aceptaba o no la propuesta de baile.

Quizás por la temprana hora del inicio del ritual o por la avanzada edad de sus participantes, las luces comenzaron a encenderse y la música a desaparecer. A la una y media de la mañana solo quedaban unos pocos. Al salir del salón, la avenida Scalabrini Ortiz cambia su cara comercial para transformarse en una calle abandonada y lúgubre de la alterada ciudad porteña. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s