El Gallo raro de la Bond Street

Un gallo raro en la Bond Street

Javier “El Tano” Diez es tatuador. Con seis años en el oficio, este punk de 32 años, se diferencia no sólo por su cresta.

En el país de las maravillas se escuchan los golpes de la batería. “I wanna be sedated (yo quiero estar sedado)” de Los Ramones transporta a algunos habitantes de la galería Bond Street al mundo punk. Javier Diez conocido como “El tano” parece estar sedado, quizás por sus ojos quizás porque sus palabras se deslizan de un modo inentendible. En el local “Los Compadres Tatoo” de la jungla subterránea, sus alucinaciones se transforman en arte, uno especial que queda indeleble en la piel de sus portadores.
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Video Clip de The Ramones “I wanna be sedated” (Warner Brothers) . Fuente: Nikoxx

Se despierta temprano. Toma un subte, un tren y un colectivo para viajar desde la localidad de José C. Paz hasta la capital porteña. Camina varias cuadras y finalmente llega a la fuente de las tribus urbanas, la galería en donde conviven emos, floggers, alternos, darkies y skaters. Los de su “especie” están en extinción. “Somos la resaca de los ochenta”, así define a los suyos: los punk.

“El Tano” es discípulo de “El Negro”: el dueño del local. Su carrera fue una escalera que empezó en el 2000. Siguió el camino de todo punk: al terminar el secundario comenzó a trabajar. Durante seis años estuvo a la deriva entre bandas suburbanas tocando la batería. A los 24 se inició con los tatuajes.  

Afiche de Sex Pistols. Fuente: Hanna                  The Ramones. Fuente: www.taringa.com

Escucha Sex Pistols, Los Ramones y algunas bandas nacionales como Los Violadores. No sale a bailar, solo apuesta a los recitales. Se siente invadido por las nuevas generaciones. Las nuevas olas contraculturales están invadiendo el submundo de la Bond. “Nosotros tenemos una ideología que es nuestra vida. En cambio estos pibitos (emos y floggers) solo se distinguen por el modo de vestir o de bailar, pero en el fondo no son más que un movimiento comercial”.

El punk llegó a la Argentina en 1980, una década después de su nacimiento en Estados Unidos e Inglaterra. Los tatuajes fueron su rasgo distintivo y representaban la rebeldía de una minoría que buscaba romper con los cánones estéticos y que contradecía los estilos de vida de la sociedad de consumo. Cada tatoo es personal y está dotado de una connotación particular que generalmente significa un momento especial en la vida de su portador. “Actualmente ya no necesitas ser de tal o cual movimiento. Hoy cualquiera se hace un tatuaje y si bien de esto vivo yo, me molesta que pase esto”, asegura “El tano”.

En su tono aparecen vetas de resentimiento. En cada declaración aparece una connotación negativa. Es conservador dentro de su casta. Libertino, ateo y anti todo: consumo, instituciones, moda y dogmas.  Reconoce que su movimiento también está sufriendo la hibridación de la posmodernidad. Agnósticos tatuados con el Sagrado Corazón, anarkistas, peronistas, fachistas y antifachistas son las características del cóctel punk.

Sus ideas marcaron la piel de más de dos mil personas. No tiene una carpeta en la que demuestre sus habilidades. Su carta de presentación esta en sus brazos y en sus piernas cubiertos por 17  tatuajes. Uno de ellos lleva el nombre de su esposa Claudia y sus dos hijas. “Cada trabajo que hago es original, intento no repetir y si lo intentara igualmente no lo podría hacer”.

Encerrado en su paraíso, un cuartito con vidriera tapizado en  dibujos triviales, dragones, letras chinas e imágenes religiosas, atiende a sus clientes como si fueran sus amigos. Tira un chiste de vez en cuando. Los hace recostarse en el sillón de “Frank”. Trabaja parado o arrodillado. A su lado “la mesa de Dios”, cubierta de un mantel blanco e inundada de utensilios que acaba de sacar del hornito esterilizador.

“El Tano” primero delinea la piel y después la colorea. Sus trabajos son piezas artísticas. Denuncia que “nadie valora los tatuajes”. El más chico, que es del tamaño de una letra china, cuesta alrededor de 80 pesos pero solo el 30% queda para él. Para quien se atrevería a objetar que es muy caro, él responde que “es para toda la vida”.

Tiene clientes fijos, amigos y desconocidos. El boca a boca es su forma de publicidad. Es un enamorado de lo que hace y mantiene el lema punk de “vivir el hoy”. Por ahora no piensa en el futuro dado que en su carrera la edad es una mala jugada. La pérdida de la vista y el pulso son los enemigos de su trabajo. Los 50 años parecen un buen aniversario para el retiro.

Lo que empezó en 1972 como respuesta al rock comercial, parece estar en declive. El punk hoy sobrevive entre otras formas de contracultura. Los tatuajes, símbolos de la rebeldía que implicaban un estilo de vida, se ven propagados por olas de moda. Desde Juanita Viale hasta Britney Spears, hoy los Tatoo se ven vacíos de ideología. Ya no representan a “los chicos malos” de antes. “El Tano” se queja y opina: “Son un accesorio más dentro de la locura del siglo XXI”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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